Nos comprometemos a vivir con un corazón samaritano. El ejercicio del amor solidario es un buen camino para encontrar o recuperar la fe. Los jóvenes necesitan tomar conciencia de su responsabilidad hacia quienes sufren la injusticia, la enfermedad y la soledad, el racismo y la exclusión, la falta de oportunidades y el aislamiento social… Un corazón transformado por la solidaridad en un corazón abierto a los caminos del Espíritu. Así se consolida la construcción de un mundo nuevo y de un cuerpo universal.