Estamos convencidos de que el futuro no es incierto, es de Dios. Nos disponemos a vivir más abiertos al viento y a las sorpresas del Espíritu, que nos precede y prepara la ruta de los jóvenes. Dios ama a los jóvenes y nos habla en ellos. Somos muchas las personas y comunidades cristianas que vivimos con pasión y gratuidad de evangelización de los jóvenes. Somos enviados para estar, escuchar, acompañar y amarles. Somos citados a explorar con ellos la sabiduría y los signos de Dios a través de sus tiempos y de sus culturas. Queremos ayudarles a prestar atención, a tomar conciencia y a acoger una Presencia que ya habita en su corazón. Sólo podemos abrirnos a los jóvenes partiendo de ellos mismos e iniciando una comunicación libre y en plano de igualdad. Un joven nos ha formulado un deseo en el Fórum: “No quiero que se haga nada sobre nosotros sin contar con nosotros”.